FEGA: UNA INSTITUCIÓN IMPORTANTE
1.IV.08
“No basta investigar simplemente cuándo fundó el Estado una determinada institución. Lo más importante consiste en explicar por qué se creó, y a partir de ahí contar con un buen conocimiento de su evolución”. En traducción libre, ese es el frontispicio de una reciente publicación sobre el Fondo Español de Garantía Agrícola (FEGA), prologada por Fernando Miranda Sotillos, presidente de la entidad, en edición de Eumedia, la difusora agrícola de Jaime Lamo de Espinosa.
La frase entrecomillada, según Vicente Forteza del Rey en testimonio que da en la publicación referida, forma parte de un dictamen que en 1413, Leonardo Bruni (historiador y uno de los mejores latinistas de su tiempo) emitió en el análisis que hizo de la Constitución de Florencia, por entonces una de las ciudades más relevantes de Europa en cuento a sus actividades económicas, artísticas y culturales. Lo cual encaja con algo que yo vengo diciendo desde hace mucho tiempo, en el sentido de que cualquier institución que nace en un momento dado, necesita evolucionar en sus contenidos y configuraciones para mantenerse en vida.
“Las políticas agrarias no se hacen para beneficio exclusivo de los agricultores sino del conjunto de la sociedad, en paralelo a lo que sucede con la política de salud, que no es en provecho de los médicos” |
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Y eso mismo es lo que podemos comprobar en la evolución de la política agraria española desde 1968, cuando se creó el FORPPA, el Fondo de Ordenación de Productos y Precios Agrarios, casi a imagen y semejanza del FORMA francés, dentro de lo que ya era una PAC cada vez más activa. Ese FORPPA asumió entonces la coordinación de una serie de agencias de la política agraria española, como el Servicio Nacional de Cereales (SNC). Que tuvo en su vida institucional la evolución que quiero referir, a partir de su nacimiento en 1937, en plena Guerra Civil, con el nombre de Servicio Nacional del Trigo (SNT), como monopolio de compraventa de ese cereal.
Después, con el crecimiento de las rentas en España y el enriquecimiento de la dieta, y previa recomendación del Banco Mundial en su célebre Informe de 1962, el SNT pasó a ocuparse también de los cereales-pienso, para producir más carne, convirtiéndose así en el aludido SNC. Ulteriormente, al extenderse los sistemas de regulación a todo el espectro agrario, llegó la nueva mutación, a Servicio Nacional de Productos Agrarios (SENPA). Una línea seguida por el propio FORPPA, que ya hace tiempo hizo su cambio a FEGA, para convertirse en la agencia global española en relación con la PAC, en las mismas pautas que el FEOGA a escala de toda la UE.
“El coste de la PAC supone unos dos euros a la semana para los algo más de 500 millones de ciudadanos de la UE-27, menos de lo que cuesta una cerveza con gambas al salir de misa” |
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Hechas las anteriores observaciones histórico-evolutivas, seguimos con nuestros comentarios del folleto antes mencionado, subrayando una apreciación interesante del propio Forteza, de que las políticas agrarias no se hacen para beneficio exclusivo de los agricultores y ganaderos —aunque sí, ciertamente, con ellos—, sino en provecho del conjunto de la sociedad. En paralelo a lo que sucede con la política de salud que no es en pro los médicos, ni la de educación a beneficio los profesores, ni la de justicia para los jueces, o la de defensa para los militares. Claro es que siempre, sin perjuicio de que esos colectivos profesionales resulten imprescindibles para la más correcta y eficaz instrumentación de los esquemas adoptados.
En la dirección que apuntamos, la PAC, desde su origen, persigue los siguientes objetivos:
- Asegurar una oferta estable de alimentos sanos y asequibles a la población de la Unión Europea.
- Proporcionar un nivel de vida razonable a los agricultores comunitarios, permitiendo, al mismo tiempo, la modernización y el desarrollo de la industria agroalimentaria.
- Asegurar que todas las regiones de la Unión Europea puedan mantener su agricultura en condiciones razonables.
Más recientemente, y respondiendo a las nuevas exigencias de la sociedad europea, la PAC ha entrado en otros temas fundamentales:
- Bienestar de la sociedad agraria, a base, también, del desarrollo rural.
- Calidad e inocuidad de los alimentos con sistemas de trazabilidad y seguridad alimentaria.
- Protección del medio ambiente, vía buenas prácticas agrícolas.
- Buen trato a los animales que entran en nuestra cadena trófica.
En su conjunto, la financiación de la PAC supone unos 50.000 millones de euros al año; cantidad que en términos relativos desciende continuamente en relación al PIB comunitario. Cifrándose esa senda de contracción, desde el 0,54 por 100 del PIB a principios de la década de 1990, hasta el 0,43 por 100 en 2004; con la previsión de llegar al 0,33 en el 2013.
Como apostilla final, subrayemos de que ese coste PAC, supone, para los algo más de 500 millones de ciudadanos de la UE-27, unos dos euros a la semana; menos de lo que cuesta una cerveza con gambas al salir de misa (el que vaya a ella) cualquier domingo. En resumen, la PAC no es cara, sigue siendo necesaria, y sin ella la agricultura europea entraría en una ley de la jungla mundial, con perniciosas consecuencias para todos.
Contacte con Ramón Tamames: bego@castellanacien.e.telefonica.net
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |