LUCES Y SOMBRAS DE UN NOBEL SOBRE BIOENERGÍA
18.IX.07
Traemos aquí hoy, al Portal de Agrocope, como ya lo hicimos oralmente por la emisora, un pronunciamiento interesante sobre el tema de la bioenergía, hoy tan en boga por doquier. Procedente, ese punto de vista, del Prof. Hartmut Michel (Ludwigsburg, Alemania 1948), quien tras doctorarse en 1977 se integró en el equipo investigador del Departamento de Bioquímica del célebre Instituto Max Planck.
En 1985, Michel, en colaboración con Deisenhofer y Huber, descubrió la estructura compleja de la proteína que se encuentra en la base del proceso de fotosíntesis, y que es capaz de convertir la energía luminosa en energía química. Un descubrimiento por el cual los tres citados recibieron el Premio Nobel de Química de 1988.
En el contexto del actual frenesí por la bioenergía, el Prof. Michel sostiene que la producción y el uso de biocombustibles no es en absoluto neutral, por generar CO2, que procede de fuentes fósiles, ya que es necesario emplear energía, en forma de fertilizantes, transporte, y gastos de destilación, hasta llegar al producto final. Con un balance neto que puede ser incluso negativo para la atmósfera.
“La retirada de cultivos para alimentos destinando tierras a bioenergía está produciendo un alza de precios intolerable, con consecuencias especialmente graves en los países menos desarrollados” |
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Por otro lado, el uso masivo de biocombustibles está fomentando la destrucción de bosques húmedos tropicales en Indonesia, Malasia, y algunas zonas de África y Brasil, para transformar esas áreas en plantaciones y siembras de oleaginosas, como la palmera de aceite y la soja. En esos espacios, los terrenos fueron previamente roturados a través del fuego, con la generación de grandes cantidades de dióxido de carbono que han ido y siguen yendo a la atmósfera.
La mejor manera de resolver nuestro problema, dice el Prof. Michel, es la energía solar, por mucho que las células fotovoltaicas aún resulten caras. Pero los costes están cayendo rápidamente, y un día, por poner un macroejemplo, podríamos tener una gigantesca granja solar en el Sáhara, para transformar su energía en hidrógeno, o transportarla directamente vía cables superconductores a temperatura ambiente, cuando los haya.
La FAO tiene que pronunciarse sobre el tema, con la particularidad de que la retirada de cultivos para alimentos destinando tierras a bioenergía está produciendo un alza de precios intolerable para toda la cadena trófica de los humanos, con consecuencias especialmente graves en los países menos desarrollados.
Contacte con Ramón Tamames: bego@castellanacien.e.telefonica.net
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |