“MIGRANTES AGRARIOS EN ESPAÑA”
12.IX.06.
Hace unos días, tuve una larga conversación con un joven dirigente de una importante organización de agricultores, que acababa de volver de Rumanía, donde estuvo toda una semana en los trabajos de reclutamiento de 400 obreros agrícolas temporeros, para las labores de recogida de cítricos en la provincia donde ejerce sus funciones.
El relato fue minucioso y altamente ilustrativo. Primero los trámites con las autoridades españolas para conseguir los permisos de inmigración, de duración entre dos y medio y nueve meses, con cláusula de retorno al finalizar esos plazos. Diligencias administrativas que han de emprenderse con cinco meses de antelación por las demoras burocráticas de casi siempre; y también por las dificultades que ponen algunos responsables de inmigración, que marcan, indebidamente, preferencias por un país u otro, en una imposición inadecuada a las aspiraciones de quienes efectivamente van a proporcionar el empleo.
"Las diligencias administrativas han de emprenderse con cinco meses de antelación por las demoras burocráticas y por las dificultades que ponen algunos responsables de inmigración" |
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Después, llegaron los trámites, también complejos, en Rumanía. Donde no solamente se presentan trabas por la lenta maquinaria de la Administración, sino también en ocasiones a causa de las exigencias de su lubrificación. Habiendo incluso mafias más o menos dañinas por parte de quienes organizan la concurrencia de los trabajadores a las sesiones de contratación.
Luego viene el viaje del contratador a la zona rural de Rumanía con mayor concentración de aspirantes, a fin de llevar a cabo un examen de centenares de candidatos en pocos días, comprobando con la ayuda de traductores, que las fichas presentadas son correctas, para después examinar en directo a quienes buscan el puesto de trabajo. Lo cual es una fase humanamente complicada, por la circunstancia de que siendo mucha más la oferta que la demanda, deben ser retiradas, tras exámenes muy breves, las personas que por diversidad de circunstancias parecen las menos adecuadas. Siendo de hecho una condición que el trabajador a viajar debe tener una familia a la que atender, como garantía no sólo de su retorno al país de origen, sino también de una seriedad que no siempre se encontraría en ciudadanos sin obligaciones para cónyuges y prole.
"Los españoles, poco prolíficos en los últimos treinta años, cada vez son menos en el campo, como también resultan más difíciles de ligar a las tareas del agro" |
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Y por último, la fase viajera, en autobuses llenos, con un itinerario de dos o tres días a través de Europa, las necesarias comprobaciones en frontera, ya que Rumania aún no tiene libre circulación con España, y la llegada a los lugares de trabajo. Donde existe la lógica obligación de acondicionar alojamientos, asegurar la higiene y la manutención, establecer los sistemas de trabajo, etc.
Todo eso es complicado, pero actualmente se ha convertido en la única fórmula para recoger las cosechas de la agricultura española en multitud de lugares, sean cítricos, olivares, viñedos, algodonales, etc. Porque los españoles, poco prolíficos en los últimos treinta años, cada vez son menos en el campo, como también resultan más difíciles de ligar a las tareas del agro. En tanto que los pequeños propietarios se limitan a atender sus propias haciendas, y otros viven prácticamente del PER, con las peonadas indispensables y tantas veces simuladas, para luego hacer lo que prefieran.
En tales condiciones, la recolección no pueden hacerla sino trabajadores foráneos a quienes inevitablemente hay que recurrir. Siendo para ellos la oportunidad muy importante, al llegar los obreros de países empobrecidos, y percibir en España retribuciones que multiplican por cuatro o cinco las habituales en sus zonas de origen.
Debemos, pues, a estos trabajadores, cumplidores en su inmensa mayoría, el reconocimiento de un campo que sin ellos estaría perdiendo su potencial productivo.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |