“ENERGÍAS ALTERNATIVAS EN EL CAMPO ESPAÑOL”
23.VI
.06.
El Ministerio de Agricultura impulsará, previsiblemente antes del próximo mes de agosto, la creación de un foro a escala de toda España, para el diálogo entre las organizaciones agrarias y las cooperativas con las principales empresas de biocarburantes, entre ellas Abengoa, Acciona, y Repsol. El propósito de ese lugar de encuentro consistirá en sentar las bases de la participación del sector agrícola en la producción de materias primas destinadas para combustibles alternativos. De acuerdo con los objetivos establecidos en el vigente Plan de Energías Renovables (PER) que tiene vida técnica hasta el 2010.
Según parece, el Ministerio aspira a que la participación del sector agrario contribuya a la producción de biodiésel y bioetanol. De modo que se llegue al menos a un 5,75 por 100 del consumo total de carburantes del creciente parque automovilístico en el 2010; tal como se preconiza, para esa fecha, en la Directiva europea.
"Agricultura aspira a que la participación del sector agrario contribuya a la producción de biodiésel y bioetanol. De modo que se llegue al menos a un 5,75 por 100 del consumo total de carburantes del creciente parque automovilístico en el 2010" |
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Las aspiraciones indicadas suponen que habrán de destinarse, más o menos, 1,2 millones de hectáreas a cultivos agroenergéticos. De los cuales se prevé que 420.000 Ha serían para la colza en regadío, con todo un cambio radical en la agronomía española, si tenemos en cuenta que ahora sólo se siembran 4.900 Ha de esa oleaginosa de tan triste recuerdo entre nosotros.
Por otro lado, el Ministerio estima preliminarmente que se necesitarán 546.000 Ha para trigo, 53.000 de maíz, 246.000 de cebada y 57.000 para remolacha azucarera. Totalizando unas 900.000 Ha, para elaborar 750.000 tep (toneladas equivalentes de petróleo) de bioetanol.
En el contexto de todo lo explicado, el sector agrario se viene mostrando muy prudente en sus expectativas y lo que realmente busca es que tales cifras le encajen en sus disponibilidades de tierra, a fin de conseguir una cierta estabilidad a medio plazo en los cultivos, y que teniendo en cuenta superficies, producciones y precios, salgan las cuentas.
En cualquier caso, lo que parece absolutamente necesario es que con la supervisión del Ministerio se disponga, efectivamente, de una estrategia común (contratos-tipo, interprofesionales, etc.), que suponga no sólo el pago de un precio remunerador a los agricultores –sobre todo cuando gran parte de las superficies de cereal, tabaco, algodón y remolacha vayan disminuyendo por los imperativos de la PAC—, a fin de mantener las explotaciones en actividad, y contribuir al cumplimiento de los objetivos del Protocolo de Kioto. Hasta la semana que viene, ya en el mes de julio.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |