“EL DETERIORO DEL MEDITERRÁNEO Y SU IMPACTO EN LA AGRICULTURA”
2.VI
.06.
El riesgo para el Mediterráneo, que tanta importancia tiene para España y sobre todo para nuestra mejor agricultura, no presenta las mejores expectativas, e incluso se prevé que en un plazo relativamente corto, para 2025, pueda existir una fractura social, económica y medioambiental entre las dos orillas. Esa es la conclusión más importante del Plan Azul, una iniciativa de Naciones Unidas en la que se relacionan las cuestiones ecológicas y agrarias con las políticas y de economía en general del amplio espacio que tanto recuerda en su configuración el mapa del Imperio Romano.
Según el estudio, reseñado por Le Monde en Francia y del cual se hizo eco en España Javier Ansorena (Expansión, 6.II.06), existe una creciente presión demográfica, a pesar de que en los países de la orilla Sur está observándose un espectacular descenso de los índices de fecundidad. Otro aspecto conflictivo es el agua, de la que se espera aumente el consumo un 25 por 100 hasta el año horizonte antes citado. Lo cual creará numerosos conflictos si se aprecia que al día de hoy, 30 millones de personas de los países ribereños no tienen acceso a agua potable. Con una situación especialmente difícil en los países que están utilizando más del 75 por 100 de los recursos teóricamente disponibles (Egipto, Libia, Israel, Palestina o España).
Frente a esa situación, que pronto será casi límite en lo que respecta a los recursos hídricos, en el informe se critican las políticas en marcha para aplacar las penurias, mediante grandes obras como presas, trasvases o desaladoras, cuyo impacto en los ecosistemas es muy negativo. Por ello, la recomendación del Plan Azul es centrarse en racionalizar el consumo, y tratar de disminuirlo mediante programas ad hoc.
"En el Plan Azul ya se anima a los gobiernos de la cuenca a cambiar sus políticas, sobre todo en relación al uso más racional del suelo, con una agricultura sostenible, y un consumo de agua y energía dentro de unos parámetros razonables." |
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Por otra parte, en el complejo ecosistema del mar interior más cerrado del mundo, el calentamiento global está introduciendo grandes cambios en un clima en general poco propicio a las precipitaciones. Se agravará así el proceso general con una desertificación que avanza inexorablemente, en gran medida provocada por prácticas agrícolas descontroladas. Por otro lado, la demanda de energía, que se ha duplicado en los últimos treinta años, podría aumentar un 50 por 100 hasta 2025, con las graves consecuencias que, sin una regulación sostenible, podría tener para el medio ambiente.
La reunión del Convenio de Barcelona para la Protección del Medio Marino y la Región Costera del Mediterráneo tendrá lugar en España en 2007, y será una gran ocasión para intentar algún tipo de control sobre la degradación ecológica del viejo mar y sus secuelas sociales y económicas. En esa dirección, en el Plan Azul ya se anima a los gobiernos de la cuenca a cambiar sus políticas, sobre todo en relación al uso más racional del suelo, con una agricultura sostenible, y un consumo de agua y energía dentro de unos parámetros razonables.
Todo puede presentarse de forma catastrófica, para después airear soluciones mágicas. Pero ése no es el caso, porque hay ejemplos de que también algunas cosas pueden cambiar a mejor: Túnez ha sabido impulsar un uso más eficaz del agua en regadíos y consumo urbano; Marruecos ha iniciado un programa rural contra la desertificación; e Italia está haciendo grandes progresos en agricultura biológica. A pesar de todo lo cual, "las cuestiones ecológico-agronómicas siguen sin ser prioritarias para los Estados", se dice en el informe. En el cual se pone a España, en varias ocasiones, como un ejemplo negativo: no resuelve el problema de los regadíos del Sur a pesar de su escasez de agua, y las emisiones de gases de invernadero han aumentado casi un 50 por 100 desde 1990, en vez del 15 prometido.
En pocas palabras, lo que durante milenios fue una de las grandes cunas de la civilización, y de la revolución agraria que empezó con el neolítico, está gravemente amenazada. Algo que los agricultores deben tener en cuenta por aquel principio del Club de Roma, al que tengo el honor de pertenecer, de “piensa global y actúa local”. Hasta la semana que viene.
Catedrático de Estructura Económica
Cátedra Jean Monnet de la UE
Miembro del Club de Roma |